29 d’abril de 2015

El mar i la Vieja sirena



Ahram prefiere quedarse en la terraza frente al mar, de un gris plateado a su llegada y ahora de un azul intenso, animado por ondulaciones que a veces se encrespan en un latigazo de espuma. El mar... En un impulso, el hombre se calza sus sandalias, baja al patio y sale al jardín por un postigo. Sus pisadas sobre la grava hacen volver la mirada a la esclava, que ahora juega a las tabas con Malki, enfadado cuando no gana.


Sólo ante el mar se calma; la playa matutina es su refugio. Se entrega al arrullo de las espumas quebrándose en la orilla, a la quieta infinitud azul y verde, al horizonte blanquecino, a la contemplación de Yazila y Malki, dos gráciles terracotas jugando con la hipopótama de madera en un templo de arena.


Como otras veces, buscaba el rumor de las olas, el olor del mar, la caricia suave y rasposa de la arena para sosegarse.
Acababa de salir el sol, todavía muy bajo frente a ella, y la colosal columna del faro era una vertical pincelada de sombra, color de luna nueva, mientras en su cima todavía humeaba densamente la hoguera recién apagada. Al fondo, el cielo iba tomando todas las tonalidades de la aurora.

24 d’abril de 2015

Temps de flors








Geometria sagrada i números

Celebración de la voz humana, Eduardo Galeano



Tenían las manos atadas,o esposadas,y sin embargo los dedos danzaban,volaban,dibujaban palabras.
Los presos estaban encapuchados,pero inclinándose alcanzaban a ver algo,alguito, por abajo.Aunque hablar estaba prohibido,ellos conversaban con las manos. 

Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos,que en prisión aprendió sin profesor:

-Algunos teníamos más letra- me dijo-.Otros eran unos artistas de la caligrafía.

La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno,que cada uno fuera nadie;en cárceles y cuarteles,y en todo el país,la comunicación era delito.

Algunos presos pasaron mas de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar mas voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores.
Fernandez Huidobro y Mauricio Rosencof,condenados a esa soledad ,se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos ,amores y desamores,discutían,se abrazaban,se peleaban,compartían dudas y certezas,bellezas y culpas, y preguntas,de esas que no tienen respuestas.

Cuando es verdadera,cuando nace de la necesidad de decir,a la voz humana no hay quien la pare.
Si le niegan la boca, ella habla por las manos,o por los ojos,o por los poros,o por donde sea.
Porque todos,toditos tenemos algo que decir a los demás; alguna cosa que merece ser por los demás celebrada,o perdonada.

De El libro de los abrazos